Quizás estas malditas ganas de ser montaña



Yo soy aquel que ayer no más decía
el verso azul y la canción profana,
en cuya noche un ruiseñor había
que era alondra de luz por la mañana.
R. Darío


Quizás estas malditas ganas de ser montaña
y musgo de montaña se convierta evangelio
una noche cualquiera que sienta tanto frío
que la necesidad de un dios humano y frágil
arrope lo que queda de la fe
y la fe misma
y me siente a tomar café de párpados
con Huidobro
bajo una tarde escrita por los árboles.

Pero, hoy, la oración que rezo duele
como el canto feliz de la chicharra
o la marcha callada de las manos
y pareciera que el mismísimo Vallejo
escribe los insomnios en que habito.

Lo cierto es que me obligo a levantarme
con todo mi sudor a cuestas a reírme
y me río,
me río del asombro que se nace
a los pies de la cama y del ladrido
de un soñador que busca deslunar
el mundo.

Y me río,
me río, sí,
me río de la sombra que me ata los cordones
de los zapatos, peina los secretos
de mis locuras, suda las urgencias
de las metáforas y las metáforas
las guardo en un bolsillo
y me siento
a esperar la mañana, que desciende
con la actitud del agua y de la alondra.



4 comentarios:

Mónica Angelino dijo...

Me ha gustado mucho este poema.
Me gusta tu blogs!

Saludos.

Carlos Serra Ramos dijo...

Otro precioso poema, querido amigo.
Digo otro porque te leí el útimo y me despertó las ganas de seguir leyéndote.

Me alegro un montón de verte en el club de los blogueros. Siempre me gustó tu poesía pero lo de un tiempo acá aún eleva más tu nivel poético.

Recibe un gran abrazo, Enrico.

Carlos
___________

espino dijo...

Mónica, es un placer tenerte en mi blog. Gracias miles por tus palabras.
Un abrazo

E.E.

espino dijo...

Carlos, estos caminos poéticos se dilatan y se estrechan. En esta angostura del camino, nos encontramos y lo agradezco. Gracias por estar.
Un abrazo grande, amigo

E.E.

 
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